La pretensión de este blog no es ni más ni menos que traer la Historia a aquellos que no gustan de ella bien porque creen que es aburrida, porque se le hace un tostón una lista de nombres y fechas o porque sencillamente de pequeños tuvieron que soportar un profesor monótono y pesado que les hizo odiar esta asignatura. Quiero, con un lenguaje sencillo, de la calle y divertido, contar la Historia del mundo como si fuera una anecdota entre amigos o colegas sobre cosas que hubieran pasado en el barrio hace unos días. Es por eso que esto no es una Historia sino una "Histeria" Universal.

18 de mayo de 2010

Los pilares de Europa. Las primeras invasiones

Mientras el Rey Escorpión se enseñoreaba de Egipto, en Europa algo se mueve.

Al este del río Volga se inicia por esas mismas fechas (3500 a.C.) una cultura de pastores y guerreros. Son los indoeuropeos. Fabrican sus armas de cobre y cabalgan a lomos de caballos. Este es su gran logro, la domesticación de este animal que les hace moverse con rapidez y atacar aldeas de agricultores neolíticos de las regiones limítrofes con la estepa. Siguieron el mismo camino que antes habían llevado a los primeros pueblos neolíticos hacia el interior de Europa. Por el norte hacia las orillas del Báltico, por el centro, bordeando el Mar Negro, hacia la llanura Moldava y la desembocadura del Danubio, la gran autopista centroeuropea, y por el sur cruzando Turquía hacia los Balcanes.

Estos indoeuropeos dejaron su huella, como no, en sus enterramientos. No tenían aun literatura ni DVD’s para dejar sus memorias y además se dedicaban más que nada a cargarse aldeas y aldeanos. La cultura neolítica se basaba en una sociedad matriarcal. Las culturas agrícolas primitivas veían a la mujer como el centro de su mundo, se imaginaban a la Tierra como una diosa madre que era fecundada por la semilla cada año y luego daba a luz las espigas y frutos. Creían en una triple diosa (joven, madura y anciana) que seguía su universo estacional en la que era joven en primavera, cuando era fecundada, daba a luz en verano-otoño como mujer madura y moría anciana en invierno para renacer de nuevo en la primavera siguiente. Sus cultos consistían en sacrificios de reyes anuales varones por sacerdotisas que se apareaban con ellos durante ese año para degollarlos luego en otoño y regar los campos con su sangre. Estos cultos aun se reflejan en las viejas tradiciones de los pueblos (regar los campos con vino o cerveza después de la cosecha o la vendimia, matar al cerdo, romerías de vírgenes, etc.). Durante el año, el rey elegido vivía como un sultán conviviendo con la sacerdotisa aun a sabiendas de que al final del verano seria sacrificado y en primavera otro rey tomaría su relevo otro año más.

Los indoeuropeos llegaron a romper toda esta cultura. No solo trajeron una nueva lengua y nombres de cosas que los neolíticos no usaban: herramientas nuevas como el yugo y el carro que los agricultores desconocían, animales como la vaca, la oveja o el caballo, nombres de colores que los agricultores desconocían o no necesitaban nombrar, por ejemplo, el negro, el rojo o el blanco que los ganaderos usaban para diferenciar sus reses, números, los ganaderos contaban sus animales, los agricultores no podían contar su grano o sus cosechas. Los indoeuropeos trajeron además una nueva sociedad y una nueva religión. A la estructura matriarcal y pacifica los nuevos señores trajeron una cultura patriarcal y guerrera. Esta cultura llevaba aparejada una religión basada en un dios padre, el dios del trueno y la guerra. Los neolíticos claro está, no debieron ver con buenos ojos aquellos cambios pero los indoeuropeos se los impusieron con la fuerza de sus armas. Eran militares a los que seguían sus familias en carros con todo su ganado.

Se asentaban en lugares altos, colinas y pequeñas mesetas donde formaban poblados con empalizadas. Enterraban a sus jefes militares bajo unos enormes montones de tierra llamados Kurganes. Allí los colocaban bajo una cabaña de madera o piedra, tumbados y encogidos y rodeados de sus armas y caballos. Luego echaban tierra encima hasta formar una alta colina artificial donde solían poner una torre de madera. Desde allí el rey muerto les cuidaba y protegía, servia como recordatorio a los pueblos circundantes de quién mandaba allí y funcionaba de atalaya desde donde se vigilaba el ganado. Muchos siglos después, los romanos y los griegos construirían sus fortalezas en altas colinas y luego los europeos medievales las reemplazarían por castillos, siguiendo esta forma traída por los indoeuropeos.

El rey dejó de ser sacrificado y la sacerdotisa pasó a ser relegada al papel de hechicera o bruja.

Los indoeuropeos o kurganes comenzaron a cambiar Europa, no solo cultural sino étnicamente. La pacifica sociedad agrícola europea iba a sustituirse por la sociedad guerrera y peleona que la ha caracterizado durante 4000 años, desde la guerra de Troya, hasta la de los Balcanes de finales de los 90.

Contra esta invasión hay tres bloques en Europa que mantienen aun el neolitismo hasta finales de este cuarto milenio (no el de Iker Jiménez) antes de Cristo. Se trata de la Confederación Danubiana, una cultura basada en el comercio del sílex, la cerámica y el cobre, una religión solar asociada a un culto a la diosa madre y una sociedad jerarquizada que vivía en ciudades con grandes casas comunales, que se extendía por toda la Europa Central con el Danubio como espina dorsal.

La alianza Ligur, una federación de tribus que se extendía por todo el sur del arco alpino desde la costa francesa mediterránea, pasando por el norte de Italia y la costa adriática. Sin metalurgia, utilizaban el sílex y eran ganaderos.

Por último, las cultura megalíticas del arco atlántico se extienden por la Península Ibérica y por la costa atlántica hasta llegar a las tierras escandinavas donde se ponen en contacto con culturas ya mezcladas con los invasores indoeuropeos.

Finalizando el milenio, los indoeuropeos apoyados en sus nuevos territorios donde ya están asentados, quieren avanzar sobre los agricultores que se resisten aun.

La guerra y el fuego se extenderán por el este europeo. Pero eso lo veremos más adelante.

6 comentarios:

  1. Vaya, al fin un historiador (?) que tiene en cuenta a la Diosa... Bueno, lo del sacrificio del rey es una deducción de James Frazer, no se sabe con certeza si fue así o no. Pero, aunque pueda parecernos algo salvaje, mejor sacrificar a un solo tipo que andar cargándose poblados enteros...

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  2. hoss q ffoo no encontre lo q neesito y si lei toda esa mierda no c anguie ami no me paerese q atraigas hombres con esa forma de hablr tan tonta

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  3. Es cierto Anónimo, una forma de "hablr" tontísima. no como tú que se ve que eres Catedrático de la Real Academia de la Lengua.
    Mira, yo que tú antes de buscar sobre historia o la Edad de Bronce, me dedicaria a acabar Primaria que seguro que aún te queda mucho. No es mi intención atraer hombres, para eso habría puesto un enlace al Facebook de Sara Carbonero o Shakira. Eso sí, no atraeré hombres, ni mujeres... borricos veo que sí. Venga, gracias por comentar y pasate por el blog de Barrio Sesamo que seguro que te va mejor.

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  4. No, si yo estoy muy agradecida de no atraer hombres tan versados y apabullantes culturalmente. ¡De la que me he librado!

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  5. Pero, en fin, que me alegro de haber trpoezado con tu artículo y dado que no somos atractivos para el personal visitante, espero que podamos compartir cosas en adelante. Yo actualmente estoy inmersa en una tesis doctoral titulada provisionalemnte "La Diosa: un discurso literario en torno al poder de las mujeres. Aproximaciones al ensayo y la narrativa"... De ahí mi interés por la figura de la Diosa, que los historiadores tradicionales se empeñan vanamente en ignorar...

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  6. Angie, para admirar una flor, hay que retirar mucho cardo. Y ya éste ha rebasado la cuota de atención que se merece.
    Pasando a otro tema, me sorprende grátamente tu noticia ¿En qué te estás doctorando?

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