La pretensión de este blog no es ni más ni menos que traer la Historia a aquellos que no gustan de ella bien porque creen que es aburrida, porque se le hace un tostón una lista de nombres y fechas o porque sencillamente de pequeños tuvieron que soportar un profesor monótono y pesado que les hizo odiar esta asignatura. Quiero, con un lenguaje sencillo, de la calle y divertido, contar la Historia del mundo como si fuera una anecdota entre amigos o colegas sobre cosas que hubieran pasado en el barrio hace unos días. Es por eso que esto no es una Historia sino una "Histeria" Universal.

1 de abril de 2014

Europa, entre el cobre y el bronce.



Mientras en Egipto se sucedían las dinastías y comenzaban a dominar a pueblos de Mesopotamia, y en la zona griega se desarrollaban las Culturas del Egeo (Cicládico, Heládico y Minoico) y posteriormente la Civilización Micénica; en Europa habíamos dejado a los indoeuropeos entrando a saco en las llanuras danubianas, procedentes de la zona del Volga, lo que hoy es Ucrania. Traían consigo varias cosas: un nuevo animal domestico (el caballo) y carros de guerra, herramientas de metal (cobre, bronce) que eran más duras y ligeras que las de piedra pulimentada de los pueblos neolíticos que aun vivían en la vieja Europa, y un nuevo concepto de religión asociado a su carácter ganadero.

 

Los pueblos de los kurganes (enormes montículos artificiales bajo los que se enterraban) llegaron para modificar la pacífica vida de los agricultores neolíticos. El principal cambio fue en la economía. Los kurganes basaban su economía en el ganado y no en la agricultura, que solo era una explotación de subsistencia y que les apegaba muy poco a la tierra. Los grandes túmulos (Kurgan) estaban hechos de losas de piedra formando un túnel, que acababa en una cámara funeraria. Todo el conjunto era cubierto por una colina artificial. En el Kurgan se solía enterrar a un gran jefe, luego se iban metiendo también el resto de sus súbditos. El espíritu del jefe, desde lo alto, vigilaba gracias a la basta extensión que se domina desde allí, a todo el ganado de la tribu.

Los enterramientos de los agricultores neolíticos eran individuales, como mucho de un padre o una madre con un hijo, o una pareja. Pero los indoeuropeos gustaban de enterrarse en comunidad. Incluso cuando morían eran trasladados a muchos kilómetros en busca del Kurgan de la tribu.

 

Cuando estos pueblos entraron en contacto con las aldeas neolíticas, practicaron el comercio y el intercambio, pero no dudaron en aprovechar la ingenuidad de estos para apropiarse de sus recursos por la fuerza. Las aldeas estaban desprovistas de murallas y apenas una empalizada formaba el perímetro de los núcleos urbanos. Contra las armas de cobre de estos pastores guerreros nada podían las toscas armas de madera y piedra de los agricultores centroeuropeos.

No obstante, habría más contacto comercial que bélico. Las nuevas tecnologías venidas del este serían una originalidad entre los pueblos fronterizos, y poco a poco irían permeabilizando la barrera cultural con lo cual penetrarían los avances tecnológicos como bienes de lujo en las poblaciones más al norte y oeste.

 

En esta época no se puede hablar aun de pueblos o grupos raciales. Las distintas tribus compartían más bien una lengua y una forma de vivir y de morir. Por eso en vez de pueblos se les denomina “culturas”.

 

Una de las primeras culturas indoeuropeas que se adentraron en Europa fue la denominada – Yamna -. Los Yamna (3200 a.C a 2300 a. C.) era nómadas pastores cuya principal característica era la de enterrar a sus muertos bajo túmulos de tierra (kurganes), en un hoyo excavado en el suelo de la cámara sepulcral. Les colocaban boca arriba pero con las rodillas flexionadas sobre el abdomen y se les pintaba de ocre. Se enterraban en grupo. Se sabe que en los túmulos se hacia sacrificios humanos rituales.

 

El contacto de estos nómadas con los agricultores centroeuropeos produjo un cambio en ellos. Desde la margen norte del Danubio hasta las orillas del Mar Báltico y llegando hasta el Rhin, los pueblos que allí moraban desde finales del periodo glaciar vieron llegar nuevos objetos y nuevas creencias. Los Yamna no quisieron dejar las estepas ucranianas donde tenían su forma de vida y adentrarse en los entonces cálidos bosques centroeuropeos. Pero no así sus objetos y sus cultos. Los primitivos cazadores recolectores del Báltico y los agricultores de la vasta llanura fueron empapándose de las nuevas modas como hoy nos empapamos de las modas venidas de USA.

 

De esta relación surge en esa zona la “Cultura de la cerámica cordada” o de las hachas de guerra. Cultivaban cebada y trigo, criando caballos y vacas. Usaban grandes y pesados carros tirados por bueyes para transportar sus cosechas. En el Báltico la economía se basaba en productos del mar y el transporte marítimo. Se enterraban con ricos ajuares de vasos de cerámica decorados con imprimaciones de cuerdas y los hombres importantes con sus hachas de piedra pulimentada, al estilo de los pueblos guerreros kurganes. Los enterramientos son individuales bajo pequeños túmulos. A veces se aprovechaba el túmulo para enterrar a alguien sobre otro ya enterrado. Esta cultura fue evolucionando desde el 2900 a.C. cuando aún Europa se hallaba en el final del Neolítico, hasta la llegada del cobre, traído por los pueblos del este.

 

Entre tanto, en la Península Ibérica, iba a aparecer una nueva cultura que iba a revolucionar todo el occidente europeo. La Cultura del Vaso Campaniforme. Sus recipientes tenían la forma de una campana invertida y estaban decorados con motivos geométricos y grecas, hechas con un objeto punzante.

Desde el sudoeste peninsular, lugar donde se extraía el cobre en estado casi puro, las élites comienzan a comerciar con los primeros estados del Egeo. El cobre era intercambiado por objetos de gran estima para las grandes familias que gestionaban los yacimientos mineros. Las sociedades tribales del Neolítico se van estableciendo en pueblos asentados en el lugar donde viven.

Los “grandes hombres”, líderes a los que seguir en la búsqueda de alimento, se convierten en Jefes de las aldeas. Es necesario para ellos demostrar a otros pueblos que vienen a comerciar que ellos son los dueños de la tierra que pisan y que su presencia allí se remonta a sus antepasados. Los monumentos megalíticos se convierten en la base de la propiedad de esa tierra. Bajo ellos se enterraban los grandes propietarios y cuanto más grande y complejo, más riqueza y ostentación.

Si bien el megalitismo comenzó con simples menhires (piedras rectas y verticales, clavadas en la tierra) o en hileras alineamiento, también se colocaban formando círculos o crómlechs. Los más sofisticados son los henges de las islas británicas, que eran círculos concéntricos de enormes piedras. Los habitantes de la zona del Vaso Campaniforme construían unas estructuras en forma de cúbica, formado por tres enormes lajas verticales que hacían tres paredes contiguas y una que las cubría a modo de techo. Todo el conjunto se cubría de tierra formando una pequeña colina artificial. Dentro se depositaban los restos del jefe y su alrededor grandes cantidades de vasos con los productos que necesitaría en la otra vida.

El paso de los milenios ha dejado al descubierto las piedras y hoy formas esos conjuntos que llamamos dólmen. Los jefes más poderosos se hacían construir un túmulo gigantesco, a cuyo interior se accedía por una galería también hecha de piedras y techada. Uno de los mayores es la llamada cueva de Menga.

El vaso campaniforme fue extendiéndose desde su lugar de inicio hacia toda la península primero y luego por el arco atlántico hasta llegar a las Islas Británicas y la Península de Jutlandia en la actual Dinamarca. Todos los pueblos megalíticos fueron absorbiendo el uso del cobre y de los túmulos.

 

El comercio del cobre con los pueblos del Egeo pone a ambas culturas en contacto por mar y ambas se benefician. Sobre todo cuando llega el bronce al este mediterráneo. Era más fácil comerciar con los más primitivos europeos del oeste, que con los civilizados y avanzados pueblos de Mesopotamia y Egipto. También eran más peligrosos y belicosos, y las rutas estaban siempre en peligro de cambiar de bando. Además el cobre que se extraía desde la desembocadura del Tajo hasta la del Guadalquivir, y el estaño de Bretaña y Cornualles, eran de gran calidad, y más barato. Por su parte, los lujos y joyas de Egipto y Oriente eran muy apreciadas por los príncipes ganaderos europeos, así como las nuevas armas de bronce que traían los pueblos griegos.

 

El bronce supuso un avance en la economía y las culturas europeas evolucionaron, dejando atrás la piedra pulida para siempre. El ajuar funerario se engrandeció, y los grandes jefes tribales se fueron convirtiendo en auténticos príncipes que gobernaban sobre varias aldeas. Se hacían enterrar en túmulos aparte de sus convecinos.

 

Lógicamente, como intermediarios entre los pueblos del este y del oeste, Europa central se beneficiaba de todo lo que circulaba entre ambos extremos. Allá por el 2300 a. C., mientras el Imperio Antiguo agonizaba en Egipto, y una pertinaz sequía asolaba las fuentes del Nilo, los ganaderos y comerciantes de sal de roca formaron la Cultura de Únětice poniendo en contacto a los habitantes del Mediterráneo con los primitivos habitantes de Escandinavia, aun en el Neolítico. Entre tanto ellos compraban sus herramientas para extraer sal a los pueblos del Egeo y vasos en forma de campana a los pueblos de Iberia, hacían llegar el ámbar del norte a los ricos comerciantes de las islas griegas y les descubrían el metal a los norteños.

 

Es a partir de 1600 a. C., con la creación del reino hitita y su expansión por la península Anatolia, cuando comienza a decaer el comercio mediterráneo debido al abandono de los centros de comercio de Creta, la islas Cícladas y las ciudades de la Hélade griega. Los hititas ya empezaban a usar el hierro en sus armas y carros, forzando a otros pueblos también indoeuropeos a moverse. Uno de ellos, como hemos visto anteriormente, eran los aqueos (los primeros griegos helenos) que construyeron las grandes ciudades fortificadas como Micenas.

En el centro de Europa, los ganaderos de Únětice abandonan sus poblados en las tierras fértiles y se internan en los bosques. Rodean sus aldeas de fosos y empalizadas y se hacen enterrar bajo pequeños túmulos individuales. La llamada Cultura de los Túmulos se vuelve más pobre y huraña que sus antecesores, debido quizás al peligro de las incursiones de saqueadores de las estepas. En Europa el peligro siempre vino de las estepas del este. Aunque también, al menos en estos momentos iniciales, las innovaciones.

 

El bronce era el metal más preciado y moderno para los europeos de mediados del II milenio a. C., pero todo estaba a punto de cambiar a golpe de hierro.


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